| Continuando
con la primera entrega de esta columna, para la presente
he seleccionado cuatro términos de muy distinto origen,
que a mi juicio demuestran con creces lo variopinto de nuestro
lenguaje. Espero que sean del agrado del lector:
UTOPIA: Sinónimo de ilusión. Sistema o plan
que parece imposible de realizar. Esta palabra fue creada
por el canciller ingles Tomas Moro (el mismo que perdiera
su vida por no renunciar a su fe en los postulados de la
Iglesia Católica Apostólica Romana: hecho
por el cual sería, con el tiempo, santificado). Su
obra máxima llevó ese nombre: UTOPIA, del
griego OU: no y TOPOS: lugar: o sea, en ningún lugar,
lugar inexistente.. En ese escrito, presentado en 1516,
Moro hablaba de un país imaginario que tenía
ese nombre.
PORDIOSERO: Se nombra así al pobre mendigo que pide
limosna especialmente implorando el nombre de Dios. Su etimología
es muy sencilla. Esta es una palabra parasíntesis
de la expresión “POR DIOS” con el aditamento
del sufijo “ero”.
PROBLEMA: Del griego PROBLEMA. Significa “lo que ha
sido arrojado adelante”, un “obstáculo”,
“lo que está obstruyendo el camino”.
La palabra griega esta compuesta por PRO, significa delante
y BLEMA: acción de arrojar, y que proviene a su vez
del verbo BALLEIN (echar, arrojar).Evidentemente, la idea
básica es que ante un problema, al igual que ante
un obstáculo en el camino, tenemos varias opciones.
Una de ellas sería la de desandar el camino, renunciando
a seguir con nuestro itinerario original. Como segunda alternativa,
podemos ver la forma de rodear el obstáculo, evitando
el problema en lugar de enfrentarlo. Por último,
nos queda la opción de encararlo, buscando la forma
de removerlo de nuestra senda y así, resolverlo.
GUARANGO: (Amer) Usado como sinónimo de mal educado
y grosero. Los sacerdotes católicos del período
colonial trataban de aprender la lengua de los indígenas
americanos. Los que trabajaban en la mesopotamia argentina
aprendían el guaraní. El tiempo fue pasando
y los nuevos europeos que llegaban a estas tierras notaban
que aquellos primeros educadores religiosos hablaban una
lengua especial, mezcla de español y guaraní
y por eso los apodaron “guarangos”. Sin embargo,
al revés del significado que posteriormente adquirió
esta palabra, los primeros guarangos eran gente muy educada
y culta.
Hasta la próxima. Gracias por la lectura.
Por LIONEL LUCAS ERCOLI
(*) Escritor, articulista, corrector, versado en etimología.
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